10 sept. 2012

EL SECTOR AGRARIO

En vísperas del Primer Plan de Desarrollo, dicho sector ocupaba al 40% de la población española, aunque sólo aportaba a la renta nacional un 25% del total.  Los problemas de este sector poco habían mejorado en relación a 1939, unos por no tener solución -como la escasez de precipitaciones o su irregularidad- y otros por su carácter institucional.  Entre estos últimos seguía teniendo gran importancia el latifundismo, en cuyas zonas se daba el mayor porcentaje de obreros eventuales con períodos muy amplios de paro estacional.  Otro de los problemas que incidían negativamente eran el bajo nivel de capitalización, traducido en una falta de mecanización y consumo de fertilizantes, así como en la imposibilidad de remunerar adecuadamente a la masa trabajadora.  Por último, el minifundismo continuaba boyante en muchas zonas del país.
Uno de los mayores logros conseguidos consistió en la ampliación delas transformaciones de secano en regadío, que permitieron la ampliación de las zonas dedicadas al cultivo de remolacha (valle del Ebro, cuenca del Duero y Andalucía), de productos hortofrutícolas (Valencia, Murcia, la Rioja, Navarra), de tabaco, uno de los más expansivos (vera de Plasencia en Cáceres y la vega de Granada) y sobre todo de textiles.  El desarrollo de estos cultivos marchó bastante desligado del resto de la producción agraria, ya que el progreso exigió fuertes inversiones de capital, que sólo fueron capaces de aportar grupos monopolistas, a los cuales se protegió de la competencia exterior con fuertes derechos arancelarios y con limitaciones cuantitativas.

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