13 ago. 2012

PRIMER SITIO DE MADRID E INTENSIFICACIÓN DE LA AYUDA INTERNACIONAL (I)

Desde el principio de la contienda,el objetivo de los mandos nacionales había sido la toma de Madrid.  Si caía la capital, caería como consecuencia la nación.  Además, Franco pensaba que la conquista de Madrid haría posible la legitimación de su gobierno ante los demás países.  Ambas partes, ante la prolongación del conflicto bélico, buscaron la ayuda de sus aliados extranjeros. Resultó evidente que numerosos países violaban el acuerdo del Comité de No-Intervención.  Los gubernamentales, presididos por Largo Caballero, pidieron ayuda a la U.R.S.S.  Stalin ordenó un envío de armas, que fue pagado con la mitad de las reservas de oro del Banco de España. Este oro fue embarcado en el puerto de Cartagena con destino a Rusia.
El gobierno de Madrid adoptó esta solución por considerar que el oro no estaba seguro en el Banco de España, ya que, según se pensaba, la ciudad caería pronto ante el avance de los nacionales; tampoco era aconsejable depositarlo en bancos franceses y suizos, porque si estos gobiernos llegaran a reconocer la legitimidad de Franco congelarían automáticamente el depósito.  No se veía, pues, más solución que la de su envío a la U.R.S.S., aunque el gabinete ministerial no estuviese totalmente de acuerdo.
Si bien Largo Caballero había rechazado en septiembre la ayuda de los antifascistas italianos, en octubre admitió a los voluntarios extranjeros, agrupados en las llamadas Brigadas Internacionales.  Esto hizo que cambiara el sentido de la contienda. Lo que había sido considerado como un problema exclusivamente español, se convirtió en una cuestión de implicación internacional, y así la Guerra Civil española puede considerarse como el prólogo de la Segunda Guerra Mundial.  Efectivamente, Europa no dirimía en los campos de batalla españoles no sólo una guerra civil, sino el enfrentamiento ideológico que la dividía y que la conduciría muy pocos años después al gran mayor confrontamiento bélico de toda la historia.
Cuando se produce el asedio a Madrid, el mundo entero fija su atención en esta ciudad; los hoteles se llenan de corresponsales extranjeros, algunos de los cuales, merced a la proximidad de su alojamiento, observan desde las ventanas de sus habitaciones el frente, situado en la Ciudad Universitaria, y transmiten a sus países las incidencias diarias de la lucha, esperando enterrar en este frente la sombra del fascismo que desde Italia y Alemania se extendía por Europa.
La participación de las Brigadas Internacionales fue una consecuencia del pesismismo del gobierno de Madrid en la marcha de la guerra, y sobre todo de la imposibilidad de salvar la capital, la cual se consideraba irremediablemente perdida.  Para evitarlo pensaba el embajador ruso Moisés Rosemberg que debía intensificarse el envío de material de guerra, dotar a las milicias populares de instructores y jefes que fuesen militares profesionales y aumentar los efectivos humanos (que eran reducidos) con voluntarios extranjeros.
En lo que se refiere a los instructores militares, vinieron a España varias docenas de oficiales rusos para llevar a cabo una doble misión: ser consejeros y especialistas en técnica militar para dirigir la defensa de Madrid, por causa de la inexperiencia de las milicias populares en cuestiones militares,lo que les hacía ir al combate sin ninguna preparación táctica de la batalla, sirviendo únicamente como fuerzas de choque en vanguardia, deshechas y descontroladas ya desde el primer momento; la segunda misión de estos instructores era organizar los cuerpos policíacos  Con éstos se pretendía controlar al ejército popular, eliminando a cualquier enemigo político que pretendiese hacer la revolución a su estilo y no a la manera soviética.
Todo ello se llevaba a cabo en el mayor secreto, ya que los rusos pretendían que se ignorase la identidad de sus oficiales en España, quizá debido a la psicosis ante los espías que en los años treinta invadían Europa.  Un temor general hacía ver espías por todas partes (tanto oficiales como particulares), un tráfico clandestino de secretos, planos y conspiraciones internacionales a cargo de la masonería y el judaísmo.
Lo más veraz de todo esto era la existencia en la zona mediterránea de muchos agentes alemanes.  Parece probable que los mariscales Koniev y Malinovski, e incluso el mariscal Zukov, estuvieron entonces en el frente de Madrid, pero el problema para poder demostrar la identidad de estos oficiales estriba no sólo en lo anteriormente citado, sino también en que la mayoría de ellos fueron fusilados posteriormente en las purgas del partido, quedando, por consiguiente, sus biografías alteradas.

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