3 ago. 2012

LOS INTELECTUALES DE 1914 (II)

Ortega distingue claramente entre vanguardia y masas.  Serán múltiples sus citas al respecto:

"Una nación es una masa humana organizada, estructurada por una minoría selecta de individuos."

"Cuando en una nación la masa se niega a ser masas -esto es, a seguir a una minoría directiva-, la nación se deshace, la sociedad se desmembra y sobreviene el caos social, la invertebración histórica."

"La misión de las masas no es otra que seguir a los mejores."

"Lo característico del momento es que el alma vulgar tiene el denuedo de afirmar el derecho a la vulgaridad y lo imprime dondequiera."

"Las minorías son individuos o  grupos de individuos especialmente cualificados.  La masa es el conjunto de personas no especialmente cualificadas."

El propio Ortega tranquiliza a los empresarios y dice a los obreros que España debe ser más rica para que ellos sean menos pobres, o, lo que es lo mismo, "para aumentar los salarios hay que aumentar primero la productividad".  Ortega, de esta forma, afirma la intangibilidad del sistema vigente de relaciones de producción y distribución.  Claro que también ataca al "señorito satisfecho" y se da prisa para que no se confunda a la minoría que él propugna con la clases socialmente elevadas ni a la "masa" con la "plebe".
Ortega no sería responsable de que años después su pensamiento pudiese sufrir, en otras manos y otras mentes, su "vulgarización".
La circunstancia frustrada en Ortega fue aprovechada por otra circunstancia varios años después.  Será injusto cargarle a Ortega con todo esto, pero sí podemos compararle con los juicios que sobre la patria, los asuntos públicos y la esencia de la cultura da Machado.  Veamos algunos párrafos del más que interesante libro "Medio siglo de cultura Española", de Manuel Tuñón de Lara:

"La patria -decía Juan de Mairena- es en España un sentimiento sencillamente popular, del cual suelen jactarse los señoritos.  En los trances más duros, los señoritos la invocan y la venden, el pueblo la compra con su sangre y no la mienta siquiera.  Si algún día tuviérais que tomar parte en una lucha de clases, no vaciléis en poneros del lado del pueblo, que es el lado de España, aunque las banderas populares ostenten los lemas más abstractos."

"Mi ideario político se ha limitado siempre a aceptar como legítimo solamente el gobierno que representa la voluntad libre del pueblo."

"No es afán de dirigir -responde Machado-; es que la clase proletaria reclama sus derechos a dirigir el mundo; sólo lo dirigen la cultura y la inteligencia, y tanto una como la otra no pueden ser un privilegio de casta.  A muchos aterra el movimiento del proletariado y hasta lo consideran como una oleada de barbarie que puede anegar la cultura... Lo que hay en el fondo del movimiento de las masas trabajadoras es la aspiración a la perfección por medio de la cultura... Pero ¿cómo van a ser cultos esos bárbaros?, es oye decir.  Esos bárbaros lo que quieren es no ser bárbaros."

"Cuando a Juan de Mairena se le preguntó si el poeta y, en general, el escritor debían escribir para las masas, contestó: "Cuidado, amigos míos.  Existe un hombre del pueblo que es, en España al menos, el hombre elemental y fundamental y el que está más cerca del hombre universal y eterno.  El hombre masa o existe; las masas humanas son una invocación de la burguesía, una degradación de la muchedumbre de hombres, basada en una descalificación del hombre que pretende dejarlo reducido a aquello que el hombre tiene de común con los objetos del mundo físico: la propiedad de ser medido con relación a la unidad de volumen.  Desconfiad del tópico "masas humanas"... Mucho cuidado; a las masas no las salva nadie; en cambio, siempre se podrá disparar sobre ellas. ¡Ojo!"."

"De ningún modo quisiera yo -habla Juan de Mairena a sus alumnos- educarlos para señoritos, para hombres que eludan el trabajo con que se gana el pan.  Hemos llegado a una plena conciencia de la dignidad esencial, de la suprema aristocracia del hombre, y de todo privilegio de clase pensamos que no podrá sostenerse en el futuro.  Porque si el hombre, como nosotros lo creemos, de acuerdo con la ética popular, no lleva sobre sí valor más alto que el de ser hombre, el aventajamiento de un grupo social sobre otro carece de fundamento moral.  De la gran experiencia cristiana todavía en curso es ésta una consecuencia ineludible, a la cual ha llegado el pueblo, como de costumbre, antes que nuestros doctores.  El divino Platón filosofaba sobre los hombros de los esclavos.  Para nosotros es esto éticamente imposible.  Porque nada nos autoriza ya a arrojar sobre la espalda de nuestro prójimo las faenas de pan llevar, el trabajo marcado con el signo de la necesidad, mientras nosotros vagamos a las altas y libres actividades del espíritu, que son las específicamente humanas."

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