1 jul. 2012

EL DESASTRE DE 1898 (y V)

Estos desastres navales, los más completos de la época moderna, obligaron a España a reconocer la independencia de Cuba y ceder a los Estados Unidos Puerto Rico, Filipinas y la isla de Guam en las Marianas (Tratado de Parías, 10-12-1898).  Estados Unidos, claro está, sentaba sus reales nalgas en el Caribe y ponía sus bases en el Asia oriental.
Acto seguido, España se curaba en salud vendiendo a Alemania los archipiélagos del Extremo Oriente (Marianas, Carolinas y Palaos) por la cantidad de 25 millones de marcos.  En 1900, pues, los límites de España coincidían casi con los actuales.
La guerra hispano-americana de 1898 fue una guerra entre caballeros por el noble comportamiento de ambos contendientes (según mentalidad de la época, claro está).  Ahora bien, si la talla ética de quienes la vivieron está por encima de toda sospecha, la talla ética de quienes la desencadenaron o la hicieron posible no ha salido bien parada en las páginas de la Historia.
En la intervención americana no hubo, ciertamente, ninguna justificación legal ni moral para intervenir.  España no debió aceptar la guerra.  Los políticos españoles no hicieron reformas en las colonias a su debido tiempo.  El gobierno planteó la situación como una alternativa entre la guerra y el deshonor.  Siguiendo esta pauta, la prensa dirigió a la opinión pública -igual que hace hoy- y alimentó, en lamentables campañas, una loca esperanza de victoria.   Las consignas eran que la guerra podía ser ganada y que la integridad del territorio nacional se montaba sobre una fe y un sentimiento sagrados.  Como escribió Pabón, estas consignas se basaban en una "colosal mentira".  En esta línea de dijeron frases muy bonitas y decorativas, pero al desastre militar de la humillante derrota le siguió el desconcierto, la depresión, la confusión política, la realidad de los soldados repatriados, la crisis de un sistema político que había llevado al país a la consternación y la conmoción espiritual manifestada en sus más diversos planos.  Es por eso que lo que aconteció en 1898 fue un auténtico y rotundo DESASTRE.

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