4 jun. 2012

LA GUERRA CIVIL (CARLISTAS Y LIBERALES) (I)

Ya nos hemos referido al pleito dinástico entre isabelinos y carlistas como exponente superficial de causas profundas, de divisiones sociales más serias..  Detrás de don Carlos, disfrazado de "tradición", se encuentra todo el antiguo régimen, conservado como un sueño por el integrismo religioso.
Los políticos del carlismo creían que todos los males que padecía el reino eran consecuencia del liberalismo.  Su contrarrevolución no iba más allá de eliminar físicamente a los liberales y restaurar la Inquisición. Esto les era suficiente para mantener la integridad del "viejo orden", cuya crisis profunda y causas económicas les pasaban inadvertidas.
Durante la década ominosa se iba haciendo evidente el fracaso de la restauración del viejo orden y Fernando VII se verá empujado a tomar contacto con las facciones más moderadas del liberalismo.  Ante esta debilidad fernandina, el absolutismo más intransigente se encontrará defraudado.  Un poco más será el desmantelamiento de los voluntarios realistas, instrumento carlista de dominación permanente; ante esta situación optarán por la conspiración organizada.
Un sinnúmero de textos nos informan acerca de sus realidades mentales y sociales, sustententadoras de su actividad reaccionaria. Durante el conflicto de los agraviados, encontramos textos insultantes hacia Fernando VII, y otros, como el del Manifiesto de Reus, en que se habla de 

"sostener y defender con la vida los dulces y sagrados nombres de Religión, Rey e Inquisición, y arrollar y exterminar a cuantos masones carbonarios, comuneros y demás nombre inventados por los maquiavelistas".

En 1835 siguen todavía obsesionados con el miedo al progreso:

"La verdadera sensatez consiste en no transigir con la revolución; en no satisfacer las desmesuradas exigencias del insolente populacho; en reprimir el fatal espíritu de innovación de este siglo presuntuoso."

El pensamiento oficial carlista sigue vertiéndose en 1836 en sus medios de información:

"¿Y el pueblo, so pena de vivir en las tinieblas del más degradante oscurantismo, deberá saber a dónde y cómo le conduce el gobierno de sus reyes?  Es un error capital que ha tenido muy fatales consecuencias desde que la revolución, para poner en movimiento las masas populares y hacerles el fatal instrumento de sus designios, aceptó destruir la sencilla y virtuosa ignorancia de las gentes; ignorancia saludable que les hiciera vivir contentas, sin ambicionar destinos de superior jerarquía, desencadenándose cierto género de pasiones que hasta entonces tenían muy cegadas."

Se suele escribir a menudo que la constante ideológica del carlismo es, sin duda, la intransigencia, el inmovilismo, la añoranza del pasado, de un "orden cristiano", frente a toda corriente de renovación y de progreso.  su revolución será hija de la frustración, una revolución de inadaptados, comenzando por el propio don Carlos, pietista, teócrata, que encomendaba su ejército al mando supremo de la Virgen de los Dolores y creía que el poder absoluto dado por Dios debía ejercerse para "la Gloria de Dios y el esplendor y la prosperidad de su Sagrada Religión".


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