12 ene. 2014

LLEGAN LOS FOCENSES

No les fue tan fácil a los samnios consolidar el tráfico con Tartessos. La rivalidad de Corinto se agrió aún más y no les quedó otra que replegarse a los ámbitos marítimos del Egeo. Los que sí que aprovecharon los descubrimientos de estos pioneros fueron las gentes de Focea, últimas en incorporarse a la corriente migratoria general. En sus viajes empleaban unos barcos ligeros y veloces, las pentecómpteras, movidas por cincuenta remos, veinticinco por banda, que les daban una enorme ventaja sobre los demás navegantes del Mediterráneo.
Ante el peligro que representaba la ruta costera norteafricana por la presencia de los cartagineses y fenicios, los focenses se tuvieron que decantar por rutas alternativas. Y como quiera que en aquellos tiempos no existía una verdadera navegación de altura, no tuvieron otra opción que esquivar a sus competidores semitas siguiendo la llamada "ruta de las islas", frecuentada desde remotos tiempos. Desde Sicilia (Siracussa) pasaban a Cerdeña (Ichnussa), y de ahí a Menorca (Melussa), Mallorca (Kromiussa), Ibiza (Pitiussa) y Formentera (Ofiussa). Ya en las costas peninsulares, la antigua ruta tocaba el puerto de Oinussa, cerca de Cartagena y proseguía hacia Kotinussa (tal vez Cádiz) y Kalathussa (¿Huelva?) llegando finalmente a Akra Ofiusses, posiblemente el cabo de Roca, en las proximidades de Lisboa. Os habrá llamado la atención la presencia del término "ussa" en los toponimicos, elegida por otros navegantes anteriores, quizás como clave secreta para guiarlos en sus periplos comerciales.
En esos primeros contactos con las gentes de la Península, los focenses establecieron estrechas y cordiales relaciones con el mundo tartésico.
Textos antiguos nos hablan de diversos asentamientos griegos en la costa meridional, como Mainake, cerca de Málaga, de la que al parecer partía un camino que, atravesando la serranía de Ronda, conducía hasta el corazón mismo de Tartessos al amparo de posibles encontronazos con los competidores fenicios y cartagineses que seguían vigilando el Estrecho. Al abrigo del Peñón de Gibraltar parece que poseían otro asentamiento llamado Carteia, cerca del río Guadiaro, al que se le atribuía una gran riqueza aurífera. También se señalan en la zona Molybdos (nombre griego del plomo) y Mastia (en la región argentífera de Cartagena). Finalmente, algo más al norte, tendríamos Hemeroscopion (la actual Denia, en Alicante), donde se conocen antiguas minas de hierro y la existencia de un puerto muy fácil de defender.
Viendo amenazados sus intereses, los cartagineses no tardaron en reaccionar y ocuparon a mediados del siglo VII Ebussus (Ibiza). Al mismo tiempo, piratas etruscos y ligures acudieron al olor de los navíos mercantes, obligando a los focenses a buscarse un nuevo camino.
Esta vez se establecieron en Cerdeña, desde donde partían hacia las costas del golfo de León. Y fue así como acabaron fundando Massalia (Marsella) en torno al 600 a. C., en la desembocaruda misma del río Ródano, lugar que pronto se convirtió en el primer mercado griego de Occidente gracias a que en ella confluían el ámbar del Báltico, el oro de Irlanda y los metales de la costa atlántica que llegaban por tierra desde la lejana Bretaña. Inmediatamente hubo una expansión por el levante español, donde ya existía Rhode, y empezaron a florecer colonias en la actual costa catalana.

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