26 may. 2015

¡OH DESDICHADA CASTILLA... NO SABRÁS HACIA DÓNDE VOLVERTE! (IV)

Al mismo tiempo, Felipe cerró con Luis XII un tratado nuevo (Haguenau, abril 1505), por el que el francés se comprometía a ayudar a Felipe a entrar en Castilla si Fernando trataba de impedirlo y se reconocía a Luis XII el derecho de reconquistar el reino de Nápoles. Como sabemos, el reino de Nápoles había quedado vinculado a la corona de Aragón, pero las tropas que lo habían conquistado y que ahora lo guarnecían eran castellanas. Si Castilla se inclinaba hacia Felipe I, Fernando podía temer que los castellanos que había en Nápoles tomasen el mismo partido y arrancasen el reino a Aragón para ponerlo en manos de Felipe, de las que pasaría a Luis XII. De hecho, los espías de Fernando informaban que se estaban cruzando cartas entre la corte de Flandes y el Gran Capitán. Aunque Gonzalo de Córdoba se mantenía fiel a Fernando, no era de esperar que hiciesen lo mismo muchos nobles napolitanos. Así pues, Fernando decidió sustituir a los castellanos por aragoneses de su confianza. Pero esta medida era todavía insuficiente, máxime cuando Luis XII estaba concentrando fuerzas en Milán y Maximiliano se preparaba también para entrar en Italia junto con los franceses, soñando con ser coronado emperador en la ciudad de Roma.
En estas circunstancias, Fernando dio a su política un viraje insospechado y sensacional, por otra parte el único posible en la difícil situación en que se hallaba. Entró en negociaciones con Luis XII. Bastó una semana para llegar con él a un acuerdo: la Paz deBlois, por la que ambos reyes se juraban amistad perpetua, renunciando a cualquier otra alianza anterior o porterior. Luis cedía sus posibles derechos sobre Nápoles; Fernando pagaba, en compensación, 500.000 ducados y aceptaba contraer matrimonio con una princesa francesa, sobrina de Luis XII, que se llamaba Úrsula Germana de Foix.
Esta última decisión constituía un serio golpe para los adversarios de Fernando, ya que abría la posibilidad a sustraer Aragón a la herencia de Juana, pues si Fernando tenía descendencia de Germana, su hijo sería el heredero de Aragón. Con ello se habrían esfumado todas las esperanzas de mantener unidos los dos reinos peninsulares, pero esta posibilidad no llegó a verificarse. El niño que nació a Germana en mayo de 1509 en Valladolid murió a las pocas horas de venir al mundo.
Los efectos inmediatos, sin embargo, fueron fulminantes. Felipe, que ya estaba a punto de emprender viaje a Castilla, comprendió que no podía entrar en el país si no llegaba a un acuerdo con su suegro. Su antiguo aliado, Luis XII, le prohibió viajar a través de Francia. Así pues, Felipe dio poderes a De Veyre para que concluyesse con Fernando la llamada Concordia de Salamanca (24 de noviembre de 1505), por la que se acordó que Castilla sería gobernada conjuntamente por Fernando, como gobernador perpetuo, y por Felipe y Juana, como titulares del reino. Los proyectos de Fernando parecían bien encaminados cuando la flota que conducía a los reyes zarpó de Flandes rumbo a Castilla.

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