27 mar. 2015

LA CONQUISTA DE GRANADA (III)

La medida más corriente adoptada por los Reyes Católicos para limar las asperezs de la guerra y sus secuelas estuvo marcada por el sistema de capitulaciones, utilizado en la mayoría de las plazas conquistadas, con algunas excepciones, como Málaga, cuya enconada resistencia indujo a Fernando e Isabel a vender a sus habitantes como esclavos, expediente a través del cual la Corona pudo enjugar los gastos económicos de las operaciones contra la plaza.
El sistema de capitulación, en líneas generales, llevaría consigo el respeto a la libertad personal de los vencidos, así como también a su organización social, religiosa y jurídica. En algunos casos, sobre todo cuando se produce resistencia, se obliga a los vecinos del lugar a abandonar sus bienes inmuebles sin ninguna compensación contractual. En estas zonas será donde, lógicamente, el proceso de repoblación adquiera una mayor intensidad.
De la población musulmana, una parte optó por la emigración al norte de África (previa condición de no sacar las armas ni metales preciosos de la Península), otra se trasladó a Castilla -el contingente menos numeroso- y la mayoría optó por seguir en sus lugares de origen.
Las autoridades de ocupación procedieron, en líneas generales, con cautela en la aplicación de las capitulaciones. Sin embargo, pronto empezó a verse que la coexistencia entre vencedores y vencidos se hacía cada vez más difícil; las prohibiciones de comprar heredades y de llevar armas, amén de determinados abusos en las recaudaciones, produjeron algunos chispazos de rebelión desde fecha muy temprana entre la población musulmana. Desde el mismo año de la caída de Granada, en las zonas de las serranías empiezan a actuar partidas armadas, los monfíes. Las incursiones de piratas norteafricanos venían a favorecer este fenómeno, por lo que se hizo necesario proceder a la construcción de una completa red de vigilancia a lo largo de la zona costera.
El sistema de defensa quedaba a cargo del capitán general y el alcaide de la Alhambra. El primero que ostentó el cargo fue el conde de Tendilla. Junto con Hernando de Zafra procedió a dar una nueva estructura administrativa al territorio, creando los corregimientos de Ronda-Marbella, Málaga-Vélez, Loja-Alhama-Alcalá la Real, Granada y Guadix-Baza-Vera-Almería. Desde el punto de vista eclesiástico, fray Hernando de Talavera ocupó el arzobispado de Granada, del que dependían las diócisis sufragáneas de Málaga, Almería y Guadix-Baza.
Desde el inicio de las operaciones militares hastaa 1498 el reino de Granada fue objeto de un sistemático proceso de ocupación por parte de castellanos, andaluces del valle del Guadalquivir y murcianos. El sistema de repartimiento se hizo a través de tres procedimientos: la compra de tierras a los musulmanes, la merced real para compensar la colaboración en la empresa reconquistadora o el reparto de aquellas tierras abandonadas por las oblaciones musulmanas a la que el sistema de capitulación había obligado a ello. Los señoríos -de no demasiada importancia- se crearon especialmente en la zona nordeste, el valle de Almanzora, Alpujarra, sierra de Filabres y serranía de Ronda. La Corona parece que se reservó en ellos algunos derechos, como los de percepción de los impuestos más importantes.
Hasta 1499, y a pesar de algunas alteraciones, el espíritu de concordia se mantuvo entre la población islámica y los conquistadores cristianos. Desde este momento, las dificultades de convivencia entre las dos comunidades van a ser cada vez mayores. La población musulmana del antiguo reino nazarí se verá a la larga afectada también -pese a los compromisos de las capitulaciones- por la política de unidad religiosa de los Reyes Católicos.

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