15 mar. 2014

ROMA CONQUISTA LOS ACCESOS A LA MESETA (III)

En los años posteriores a Catón, Roma envió a Hispania gobernadores de menos relieve, a pesar de los ilustres nombres que lucieron algunos de ellos: Así, Escipión Nasica, que logró echar mano a algunas partida de lusitanos que se habían dedicado a saquear ciudades bajo su protección. Nobilior, otro de ellos, atravesó Despeñaperros, venció y sometió a los carpetanos, se apoderó de Toledo, derrotó a los vacceos y vetones, que venían en socorro de la ciudad, y apresó a Hilerno, el jefe que los mandaba. Su sucesor, Lucio Emilio Paulo (191-190) no destacó por sus éxitos militares, pero merece la pena ser recordado como el único gobernador que no aprovechó su cargo para enriquecerse, pues todo lo que recaudó lo entregó al tesoro; al morir apenas dejó a su mujer lo suficiente para devolverle la dote que de ella había recibido al desposarla. La más antigua de todas las inscripciones romana conocidas en España es la que contiene el texto del decreto por el que este mismo Lucio Emilio Paulo concedió la libertad a unos esclavos que entraron al servicio de Roma. Reza así:

"El general Lucio Emilio, hijo de Lucio, decretó que, de los siervos de Hasta, aquéllos que habitasen en a Torre Láscuta, sean libres, y mandó que también puedan poseer y tener el campo y la casa que en aquel tiempo poseyesen, mientras el Senado y el pueblo romano lo quisieren. Hecho en el campamento el doce de las Calendas de Febrero" (año 565 después de la fundación de Roma)
La pequeña torre Láscuta (en la imagen) se convertiría con el tiempo en la colonia romana de Láscuta, tal vez la actual Alcalá de los Gazules.

Cansados en Roma de las molestias que continuamente ocasionaban los lusitanos y los celtíberos, decidieron llevar a cabo una amplia ofensiva destinada a someter el territorio comprendido entre Sierra Morena y el Tajo. Prácticamente toda la región de la actual Castilla La Mancha. En la primavera del 185 los ejércitos de las dos provincias se concentraron en Beturia, entre el Guadalquivir y el Guadiana. Tras algunos encuentros desafortunados, la superioridad romana se impuso, pero la expedición no logró consolidar sus adquisiciones por la prisa de los pretores de volver a Roma para recibir los honores del triunfo. Todo se redujo a un escarmiento que pronto caería en el olvido. Ni se atacó a fondo la raíz de la inestabilidad de los lusitanos y los celtíberos ni tampoco se tomaron las medidas militares necesarias para impedir nuevos ataques. Así llegarmos al momento en el que Tiberio Sempronio Graco se hizo cargo de la pretura de la Hispania Citerior en el año 179 a. de C. y las cosas comenzaron a cambiar.

(CONTINUARÁ)

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