25 mar. 2014

ROMA CONQUISTA LA MESETA CENTRAL (VI): NOBLEZA AGRARIA Y CASUS BELLI

¿Por qué el Senado incitó a continuar la guerra?
En Italia, y concretamente en Roma, habían cambiado mucho las cosas desde el final de la Segunda Guerra Púnica. Las regiones que más habían sufrido con las campañas de Aníbal habían sido las de la Italia meridional y central. Los campos estaban abandonados y esquilmados, la población campesina, diezmada. Las consecuencias de la guerra fueron incalculables: los pueblos que habían colaborado con los cartagineses vieron sus tierras confiscadas por Roma, y su población perdió el carácter de aliada para quedar reducida a la categoría servil a las órdenes de los funcionarios romanos. Roma reforzó enormemente su poder sobre la federación itálica.
Es por ello que la nobleza terrateniente aumentó su poder al apropiarse de forma turbia de las tierras confiscadas. Los tradicionales cultivos cerealísticos fueron sustituidos por plantaciones de olivos y viñedos o dedicados a pastizales para el ganado. Pero solamente los grandes capitales pudieron llevar a cabo tal reconversión de los cultivos. Dicho de otro modo: sólo los ricos fueron capaces de sobrevivir sin arruinarse durante todo el tiempo en que el campo permaneció improductivo. Ahora bien, tan pronto como las tierras comenzaron a manar vino y aceite, el campo se revalorizó, por lo que los pequeños agricultores pudieron vender sus parcelas a los latifundistas con grandes ventajas. Los terratenientes, por su parte, aprovechando que el aumento en el mercado de la oferta de esclavos había abaratado sus precios, los iban comprando en grandes cantidades y los ponían a trabajar en sus posesiones.
Los pequeños agricultores, que aún se aferraban a sus tierras, no pudieron competir con la mano de obra esclava. Unos, malvendieron sus tierras; otros, al no poder pagar las hipotecas con que los habían gravado, las cedieron a los terratenientes y aceptaron incluso someterse a ellos como clientes y colonos. Y muchos, claro está, acudieron a las ciudades abandonando el campo.
Así fue cómo en Roma se perfilaron claramente dos clases sociales, adscritas, grosso modo, a una de estas opciones políticas: la aristocracia, formada fundamentalmente por grandes propietarios agrícolas, y la democrática, en la que se incluían cuantos de algún modo se habían visto perjudicados por la nueva coyuntura económica.
Las guerras contra Aníbal habían dado a la aristocracia la posibilidad de adquirir un enorme prestigio, avalado por los éxitos de algunos de los jefes que salieron de sus filas, como por ejemplo Escipión el Africano. Parte de la nobleza, aun estando de acuerdo con la política de conquistas del círculo de Escipión, se le había opuesto hasta obligarle al abandono, temiendo que su prestigio hiciera de él un dictador vitalicio.
Las más graves resistencias fueron las ofrecidas por el sector de los propietarios de esclavos. La facción de Escipión, a la que podríamos denomiar "agraria", basaba su poder en sus posesiones territoriales y en los clientes que las trabajaban. Ellos se inclinaban más por una economía puramente natural, donde cada unidad producía lo que necesitaba para sí misma; no se interesaban por convertir a las provincias en estados sometidos, sino que respetaban su autonomía. La facción opuesta, a la que denominaremos "mercantil", aumentaba constantemente sus ingresos con el comercio de esclavos, con el comercio de los productos agrícolas más rentables (aceite y vino) y se enriquecía sobremanera con la usura y la inversión de sus capitales en negocios internacionales de transporte y explotación de riquezas naturales. Les convenía, por tanto, estimular la economía de mercado, controlar la producción de los países conquistados, ampliar las conquistas, reprimir cualquier levantamiento que pusiera en peligro sus negocios, etc...
Precursor en parte de estos mercantilistas romanos habría podido ser, a principios del siglo II, Marco Porcio Catón, un hombre que personalmente enseñaba a leer a sus esclavos para luego venderlos a mejor precio y que escribió un tratado de agricultura para aumentar la productividad de los campos. Fue él quien repitió machaconamente la frase "hay que destruir a Cartago", en calidad de portavoz de los terratenientes itálicos que veían en esta potencia un clarísimo competidor para sus intereses comerciales.
A lo largo del silgo II la facción mercantil se reforzó con la adhesión prestada por la rica burguesía de recaudadores, publicanos y la pujante "clase ecuestre", dueña de las finanzas mediterráneas. Todos unidos formaron el ala conservadora del nuevo partido demócrata, en cuya extrema izquierda figuraban los campesinos desheredados, los pobres de la ciudad, los pequeños artesanos y comerciantes, los proletarios y todo un nutrido grupo de subproletariado desclasado. Es evidente que en los días en que la embajada celtibérica presentó sus credenciales ante el Senado, se incubaban en el seno del heterogéneo partido serias diferencias que no tardarían en aflorar. De momento, los intereses del ala derecha democrática, coincidían con los de la aristocracia senatorial, constituyendo un frente común partidario de continuar la guerra en Hispania, en contra de las recomendaciones de Marcelo.
Así pues, mientras los embajadores celtibéricos eran despedidos con las mejores palabras, animándolos a atender las instrucciones que Marcelo les daría cuando llegasen a Hispania, el Senado enviaba secretamente a Marcelo una orden explícita de continuar la guerra.

¿Qué ocurrió entonces? ¿Cómo se lo tomó Marcelo? (lo sabremos en la próxima entrada de esta bitácora)

3 comentarios:

Vicsabelle dijo...

Vaya, vaya, de lo mas interesante tu espacio. No he completado la navegación en tu blog, pero tal vez encuentre algo de lo que estoy buscando... creo que tambien me mudaré aquí!!!
Grandes saludos

Vicsabelle dijo...

Vaya, vaya, de lo mas interesante tu espacio. No he completado la navegación en tu blog, pero tal vez encuentre algo de lo que estoy buscando... creo que tambien me mudaré aquí!!!
Grandes saludos

FRANCISCO GIJON dijo...

Hola Vicsabelle,

Te agradezco enormemente tu visita. Sé bienvenida y considérate en tu casa. El blog no tiene mérito: consiste en contar a mi manera lo que en su momento tuve que estudiar al modo de otro.

Recibe un abrazo