12 mar. 2014

ROMA CONQUISTA EL ÁREA IBÉRICA (II): HISPANIA ULTERIOR E HISPANIA CITERIOR


Por un lado tenemos a Escipión volviendo a Roma cargado de gloria y de riquezas. Aparte de una ingente cantidad de plata amonedada, aporto al erario público la enorme suma de 14.342 libras de plata en lingotes. Nadie se acordó de que, por su negligencia, Asdrúbal había logrado salir de Hispania e invadir Italia en refuerzo de Aníbal: el tintineo de la plata era el arma más poderosa para acallar cualquier rumor. Incluso se presentó al consulado y logró su elección por unanimidad.
Pero volvamos a Hispania para conocer los hechos que tuvieron lugar desde la partida de Escipión. El senado, seguramente influido por Escipión, confirió el poder en la Península a dos procónsules llamados Léntulo y Acidinio, que ocuparon sus cargos durante seis años consecutivos (205-200). Esta decisión significaba el reconocimiento de hecho de la existencia de dos sectores claramente diferenciados en la Hispania ocupada, a los que varios años después (197) se les consideraría legalmente como provincias distintas: la Hispania Citerior y la Hispania Ulterior. El límite entre ambas provincias estaba en la comarca de Baria (Vera, Almería). La provincia Citerior, situada al norte de Baria, abarcaba Cataluña y el valle inferior y medio del Ebro. Una estrecha franja costera comunicaba con la región de Cartago Nova, hasta el límite con la Ulterior. Esta segunda provincia comprendía el territorio situado al sur de Sierra Morena, hasta la desembocadura del Guadalquivir. Las diferencias económicas entre ambas provincias eran evidentes: la riqueza de la Ulterior contrataba con la pobreza de la Citerior. Así, apenas la rapacidad de los procónsules se aplicó a exprimir las zonas ocupadas, la más pobre de ambas fue la primera en sublevarse.
He aquí de nuevo a Indíbil y Mandonio al frente de sus respectivos pueblos - a los que en esta ocasión se unieron también los ausetanos y otras muchas tribus menores - que se rebelaron al ver que las intenciones de Roma estaban muy lejos de evacuar la Península toda vez ésta había sido liberada de los cartagineses.
Léntulo y Acidinio actuaron expeditivamente. Los rebeldes, reunidos en el llamado "campo edetano", fueron atacados por los romanos. Indíbil murió en combate. Los iberos, vencidos, aceptaron las durísimas condiciones que Roma les impuso: Mandonio y otros muchos jefes supervivientes fueron ejecutados; los tributos se elevaron al doble; quedaron los pueblos obligados a mantener y equipar al ejército romano durante seis meses ;los guerreros todos debieron entregar sus armas y a cada tribu se le tomaron rehenes.
Poco después, Léntulo renunció a su proconsulado y se presentó en Roma solicitando honores de "triunfo", pero sólo se le concedieron de "ovación", por más que entregó al tesoro nada menos que 43.000 libras de plata y 2450 de oro.
Entre los años 200 y 197 no tuvieron lugar hechos militares notables y lo que más nos consta fue la incesante cosecha de metales preciosos que cada nuevo procónsul rastrillaba anualmente a los territorios ocupados. A uno de ellos, Stertinio, le sobró dinero incluso para costear la erección de varios arcos en templos y circos para colocar sobre ellos varias estatuas de oro. Conocemos, sin embargo, cómo se las había ingeniado para llenar la bolsa de tal modo. Durante su estancia en Hispania envió prefectos encargados de recoger impuestos abusivos por todas partes, incluso a las ciudades que debían ser tratadas como federadas. Los habitantes de Cádiz, una de las afectadas, enviaron una embajada a Roma para quejarse de los abusos del procónsul y fueron escuchados. Pero otras muchas siguieron sufriendo parecidas vejaciones. Poco a poco se iría incubando una gigantesca revuelta que no tardaría en estallar...

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