15 feb. 2014

LOS ORÍGENES DE ROMA 5

Tras el cambio político le siguió a Roma una larga época, dos siglos, en la que su historia se vio limitada a la eterna rivalidad entre patricios y plebeyos. Las dificultades con que los pueblos vecinos amenazaron a la joven república fueron tan graves que los patricios no tuvieron más remedio que pedirle a los plebeyos su colaboración en la defensa de la ciudad. Estos aceptaron, pero exigiendo a cambio y en contrapartida algunas de sus muchas reivindicaciones.
Por otra parte, el enriquecimiento de muchos plebeyos les abrió las puertas de la aristocracia y puso en sus manos el prestigio y la influencia que necesitaban hasta lograr plena satisfacción en sus aspiraciones de clase. Así pues, los plebeyos, jugándose el todo por el todo en cada partida, lograron la plena igualdad con la clase patricia, una igualdad que podría resumirse en los siguientes puntos:
En primer lugar hubo una equiparación en cuanto a derechos políticos, siéndoles reconocida la posibilidad de ocupar las más altas magistraturas del estado y de ser admitidos en el senado como miembros de pleno derecho.
En segundo término, en lo que respecta a las deudas, al no haber una legislación escrita que las regulase debidamente, los deudores se veían sometidos a las arbitrariedades de los prestamistas y usureros patricios que, con la complicidad de la clase sacerdotal, podían incluso esclavizar a los deudores insolventes. Conservamos un texto de una de las antiguas leyes de la época sobre este tema en el que encontramos normas tan sorprendentes como la siguiente:
"Pasado un determinado plazo el deudor será cortado en pedazos. Si los pedazos resultan más o menos grandes, no importaráPero a finales del siglo IV la legislación sobre las deudas fue reformada radicalmente liberando a muchos esclavos por deudas y anulando costumbres como las anteriores así como determinados tratos abusivos.
Como último punto está el tema del acceso a las tierras del Estado, el llamado ager públicus, que eran retenidas por el estado después de repartir entre los soldados los territorios conquistados, teóricamente con el fin de que fuesen usufructadas por los ciudadanos a cambio del pago de un cánon o alquiler. Lo cierto es que solamente los patricios tenían acceso a ellas. Llegó un momento incluso en que se apropiaron de las tierras recibidas en alquiler sin más miramientos. Este comportamiento fue causa durante los siglos V y IV de grandes enfrentamientos sociales y se fue solucionando conforme la expansión de Roma por toda la península itálica le permitió adquirir más y más territorios que repartir entre los colonos plebeyos.
En resumen, los plebeyos, a base de tenacidad, lograron ver cumplidas sus legítimas reclamaciones y reconocidos todos sus derechos. Y lo que nació como una república dominada por el patriciado, como una aristocracia cerrada en medio de una plebe numerosa acabó por convertirse, al cabo de dos siglos, en un Estado democrático formado por una ciudadanía en la que se confundían los antiguos aristócratas y los "hombres nuevos", es decir, los plebeyos enriquecidos por el comercio, la acaparación de tierras estatales y los botines de guerra.

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