19 feb. 2014

CARTAGO CONTROLA IBERIA

Tras una campaña de 9 años, Amílcar había conseguido para Cartago la plata y los mercenarios de Iberia. Más que eso: consiguió que Cartago recuperase la confianza en sí misma y el prestigio político y militar que había perdido tras su derrota de la Primera Guerra Púnica.
A su muerte, el general dejó tres hijos: Aníbal, Asdrúbal (que no hay que confundir con el otro Asdrúbal, yerno de Amílcar) y Magón. Como eran menores de edad a ninguno de ellos les fue posible hacerse cargo de la dirección del ejército. El único hombre capaz de hacerlo era, en aquel momento, el yerno del difunto Amílcar, Asdrúbal, el almirante que había conducido hasta Gadir la escuadra de desembarco. Los Barca habían conseguido de la asamblea cartaginesa una ley según la cual la elección del jefe del ejército de operaciones pertenecía a los cidadanos cartagineses que figuraban en el mismo. De esta forma, la continuidad en el mando no estaba supeditada a los vientos políticos que soplaran en la metrópoli al producirse el relevo. En consecuencia, Asdrúbal fue elegido por sus hombres e, inmediatamente, se puso "manos a la obra" para continuar la obra de Amílcar.
Asdrúbal aseguró las conquistas realizadas, pero sustituyó los métodos más violentos por actos pacíficos fruto de la diplomacia. Sus dotes de persuasión le ganaron amigos entre los reyes ibéricos, con los que estrechó lazos de hospitalidad. Como culminación de su política de alianzas, Asdrúbal contrajo matrimonio con la hija de uno de aquellos reyes ibéricos. Al decir del historiador Diodoro, parece que, desde luego, exagerar algo en este punto, aquel acto valió a Asdrúbal la adhersión de los iberos que, según él, le proclamaron general.
Otro de sus mayores aciertos fue fundar, en el mismo lugar donde existía desde antiguo la ciudad de Mastia, una ciudad nueva a la que dio el mismo nombre de la metrópoli, Kart-Hadast, si bien los romanos la designarían con el de Cartago Nova (la actual Cartagena).
La elección fue genial. La amplia y segura bahía, la riqueza en plata de sus alrededores; su proximidad a las costas del norte de África; su emplazamiento dentro del límite de los tratados con Roma; la riqueza salina de sus playas cercanas (tan necesarias para las manufacturas de salazones); los amplios campos de esparto de su trascosta, tan útiles como imprescindibles para la fabricación de cordajes para los navíos...
Cuenta Tito Livio que Asdrúbal, con aquel maravilloso arte que tenía para atraerse a las naciones y hacerlas entrar en sus intereses, indujo a los romanos a que renovasen con é el tratado de alianza, según el cual, ambos imperios deberían tener, como límite, el río Ebro.
Efectivamente, en el año 226, una nueva embajada romana se presentó ante Asdrúbal. Por aquellos días Roma se encontraba en tensión, haciendo preparativos febriles porque esperaba que de un momento a otro los galos que habitaban la llanura del Po desencadenaran una ofensiva que se preveía calamitosa, como de hecho ocurrió al año siguiente. En estas circunstancias, a Roma le interesaba asegurarse las espaldas comprando la neutralidad de Cartago al precio que fuese necesario, pues, de aliarse con los galos y los cartagineses, el final de Roma habría sido un hecho. Así pues, Roma no dudó en aceptar el tratado del Ebro como límite para las respectivas zonas de influencia, aunque ello suponía traicionar a las colonias griegas que ahora quedaban en territorio cartaginés.

Para saber más puedes leer HISTORIA ANTIGUA DE LAS ESPAÑAS siguiendo este ENLACE (zona euro) o en este otro ENLACE para el resto del Mundo.

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