25 feb. 2013

SUCESORES DE LA CORONA

A Ramiro II le sucede su hijo Ordoño III (950-955), quien luchó también denodadamente contra el califa Abderramán III, pero su reinado fue de corta duración.  Si bien dejó un ijo, por ser de corta edad, no fue proclamado rey, sino un tío suyo, llamado Sancho I el Craso (955-967), a quien le usurpó el cetro durante algún tiempo Ordoño el Malo, hijo de Alfonso IV, pero lo recobró luego Sancho I con auxilio de Abderramán III, en cuya corte se había refugiado el monarca de Asturias y obtenido una caballerosa hospitalidad.
en efecto, el famoso califa no sólo le dio a Sancho I generoso hospedaje, sino que también le proporcionó hombres reputados en la ciencia de curar, que le quitaron su extraordinaria obesidad.  Y además le prestó un ejército con el cual recobró su perdido trono, haciendo huir al usurpador.
Hay algunos historiadores que incluyen a Ordoño el Malo en las cronologías de soberanos españoles y le llaman Ordoño IV; pero generalmente se le elimina de ellas por su calidad de intruso.  Se cuenta que el príncipe Ordoño el Malo acabó triste y oscuramente sus días en Córoba, donde se había refugiado también con la esperanza de interesar en su favor al califa, a quien naturalmente convenía fomentar las discordias de los cristianos.
Sancho I murió envenenado por un conde de Galicia llamado Gonzalo Sánchez.  Habiéndose rebelado éste contra el monarca, fingió reconciliarse  con él, para tener ocasión de servirle unas frutas emponzoñadas que el rey comió sin tener la menor sospecha.  El conde Gonzalo Sánchez es el séptimo de los de Galicia, los cuales tuvieron las mismas facultades  que los de Castilla.  Se tiene noticia de diecisiete de estos condes, el primero de los cuales fue un caballero llamado don Pedro, que arrojó del país a los normandos, y el último fue Menendo González II.
A la muerte de este conde gobernó Galicia, con el título de rey, don García, hijo de Fernando I a quien desposeyó su hermano Sancho II.  La tierra gallega, pues, siempre tuvo cierta autonomia, y durante algún tiempo la consideración de monarquía independiente.  Al morir Sancho I envenenado, dejó un hijo que contaba pocos años.  Mas a pesar de esta circunstancia, fue bajo la tutela y regencia de su tía Doña Elvira, monja profesa, que supo desempeñar su cometido con energía y singular prudencia.  Esto significó el triunfo del principio hereditario en la sucesión a la corona y la intervención e las hembras en la gobernación del Estado.
Cuando el nuevo monarca llegó  la mayoría de edad, se entregó a los vicios de tal suerte que arruinó su débil naturaleza, mereciendo el título de "Encanijado" que le dan los cronistas, y enajenándose las voluntades de muchos nobles.  En vista de ello proclamaron rey al ya adulto hijo de Ordoño III, que subió al trono con el nombre de Bermudo II (982-999).  Pero este monarca, huyendo de Almanzor, que destruyó León, tuvo que encerrarse, como antes hiciera Don Pelayo, entre los inaccesibles riscos de Asturias y murió al poco tiempo a consecuencia de la enfermedad que padecía.  Por lo cual algunos historiadores le apellidaron el Gotoso.
Una tradición recogida por Pelayo de Oviedo supone que Bermudo II para hacer las paces con Almanzor, le entregó su joven y bella hija Teresa; pero ésta, respetada milagrosamente en su honor por el musulmán, fue devuelta a su hermano y murió virgen y sin descendencia en un convento.
El historiador árabes Ibn-Jaldún confirma en parte este hecho, pues dice que Almanzor estuvo casado con una hija de Bermudo II, la cual, muerto aquel caudillo, regresó a su país.
Conviene advertir que no eran raros en esta época los casamientos entre príncipes cristianos y musulmanes, pudiendo citarse entre otros el de doña Íñiga, nieta del famoso Íñigo Arista, que casó en segundas nupcias con el príncipe cordobés Abdalá, viniendo a ser abuela del gran Abderramán III.

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