20 feb. 2013

SANTIAGO, PATRÓN DE ESPAÑA

En el año 791 Bermudo I el Diácono abdicó la corona en Alfonso II el Casto (791-842), hijo de Fruela, el cual trasladó su corte a Oviedo, ciudad fundada por Fruela I, la cual engrandeció y embelleció notablemente.  Algunos historiadores contemporáneos han sugerido, basándose en testimonios de cronistas árabes contemporáneos, que Alfonso II fue nombrado rey a la muerte de Mauregato, pero que después le depusieron y encerraron en un claustro, siendo proclamado en su lugar Bermudo I, y que, no habiendo sabido éste resistir a Hixén I, se vio obligado a abdicar en Alfonso II.
Este monarca era hijo de una cautiva llamada Munia, que Fruela I había traído de sus guerras, habiéndola tomado luego por esposa.  Algunos suponen que Alfonso II fue casado y que aun dentro del matrimonio guardó castidad, cosa que algunos historiadores ponen en razonable duda.
Por esas fechas Carlomagno, rey de los francos, llamado quizá por el rey de Asturias para que le ayudara en la lucha contra los moros, penetró en España, según ya se dijo, al frente  de un poderoso ejército, en que venían como jefes aquellos "Doce Pares de Francia" cuyas legendarias proezas han inmortalizado los libros de caballería.
En el reinado de Alfonso II ocurrió también otro importante suceso que, sin tener carácter militar, influyó notablemente en el éxito de la Reconquista, dando a esta lucha aires y vuelos de epopeya: tal fue el presunto descubrimiento milagroso del sepulcro del Apóstol Santiago, que, según la tradición, había sido enterrado en Galicia, teatro de sus predicaciones.  Obviamente la venida de Santiago a España es más que cuestionable, pero lo cierto es que sobre aquella humilde tumba encontrada se erigió primero un santuario y alrededor se formó una población, que tomó el nombre de Campus Apostoli o Compostela, muy visitado por peregrinos de toda la Cristiandad.
Desde entonces la invocación de Santiago fue el grito de guerra de los guerreros de la Reconquista, y aquí entra la anécdota de Clavijo, en la que vieron cabalgando al Santo Apóstol sobre blanco corcel del lado de las tropas cristianas.
Como quiera que sea, el hecho es que se formó el mito y el mito llevó la épica detrás; y de este modo aquel glorioso "Apóstol de las batallas", apellidado también Matamoros por el pueblo, acabó siendo declarado patrón de España.
Alfonso II luchó denodadamente contra Hixén I, Alhaquén I y Abderramán II.  En 794, Hixén atacó el Norte y se apoderó de Ovetum (Oviedo), la mandó saquear y regresó hacia el Sur, llevando consigo un considerable botín.  Pero en dicha retirada, Alfonso II pudo vengare y ganar una batalla.  Otras muchas sostuvo contra Alhaquén I y Abderramán II, pero ninguna otorgó ventajas positivas a los califas árabes ni al monarca cristiano.
Y es que tanto uno como otros saqueaban las poblaciones contrarias regresando inmediatamente a sus puntos de partida.

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