1 jun. 2012

LA CRISIS DEL SISTEMA COLONIAL ESPAÑOL (y VIII)

Fracasa la tentativa de Bolívar de establecer una América republicana unida: el Congreso de Panamá 81826) no consigue ningún resultado, por la desconfianza entre los distintos estados y la falta de interés de Inglaterra (temiendo la creación de una unidad política no dominable en el terreno comercial).  Resultado: tras distintas divisiones, el antiguo territorio español queda dividido en 19 estados.
Otras consecuencias de la Independencia: económicamente, librados del pacto colonial, los americanos pasan a una dependencia "de facto" de Inglaterra y Estados Unidos.  Socialmente, la única modificación decisiva es la abolición de la esclavitud.  En Latinoamérica, a otro nivel, había ocurrido algo similar a lo de 1789 en Francia; creían haber realizado la libertad, igualdad y fraternidad para todos, pero, de hecho, lo único realizado era la libertad e igualdad jurídica, para así asentar la desigualdad económica, definición exacta de toda sociedad basada en el capitalismo.
Políticamente, tendrá lugar el establecimiento de unos nuevos regímenes; las primeras constituciones (sufrirán infinidad de cambios hasta nuestros días: en el período de 1810 a 1973 se dictan cerca de 190 constituciones) son imitación clara de la estadounidense.  Después se notarán dificultades entre dos corrientes constitucionales opuestas (que representan intereses sociales bien definidos), a saber el federalismo-centralismo y el parlamentarismo-presidencialismo.
La diferencia esencial con Estados Unidos se basa en el predominio de las posiciones oligárquicas o caciquiles del período colonial y la ausencia de una tradición liberal o democrática.
En cuanto a las fórmulas federales y confederales, han sido sustituídas progresivamente, salvo en Brasil, por sistemas de mayor centralización, ante la necesidad de fortalecer la unidad y el crecimiento económico.  El predomino federal, en los momentos iniciales, significa el dominio social de la aristocracia terrateniente, de los caudillos o jefes locales, deseosos de dominar sin influencia exterior su numerosa clientela rural, frente a los habitantes de las ciudades, defensores de la centralización, necesaria para el auge de la industria y el comercio.
El predominio del presidencialismo connota un poder ejecutivo fuerte, que lleva en muchos casos al establecimiento de fórmulas dictatoriales veladas.  Se ha mantenido hasta nuestros días en muchos países de la zona, tras el fracaso de varias tentativas de régimen parlamentario al estilo francés, por los conflictos entre partidos y entre personalidades, que acabaron con golpes militares de toda índole.
No obstante cabe destacar el éxito de varias constituciones presidencialistas, que se mantuvieron durante muchas décadas, como la de Chile de 1833 (en vigor hasta 1925), la de Argentina de 1853 (en vigor hasta la segunda mitad del siglo XX), la de México de 1857, mantenida en sus principios básicos en la de 1917, aún vigente.

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