13/5/2012

LA REVOLUCIÓN DE ARANJUEZ

En estos momentos, la interrelación entre la política exterior y las crisis interiores tocaba su punto más bajo.  España no había podido sustraerse a la presión francesa, pero había dejado disgustado a Napoleón al no proporcionarle ni la plata americana, ni un éxito naval, ni las garantías de un serio aliado político.  Bonaparte, a quien no gustaba dedicar mucho tiempo a los problemas españoles, decide convertir la nominal alianza en un Estado dependiente de Francia, para así controlar la política y los recursos españoles.
Mientras Napoleón vacila entre desmembrar a España o sustituir a los Borbones por un hermano suyo, sobreviene la revolución de Aranjuez, dirigida, en primer lugar, contra el Príncipe de la Paz.
Godoy, resumiendo algo ya  apuntado, no era un "tirano reaccionario", como se ha dicho, sino un progresista tibio, amigo de la Ilustración y con gran fe en la cultura como base de la regeneración socio-política de la nación.  Es brillante un proyecto de convertir a América en una especie de "comunidad de naciones".  Tampoco carecía de un sistema político, ya que era partidario de una fuerte monarquía con la injerencia de dosis iguales por parte de la democracia (estado llano) y de la aristocracia (nobleza).  Tenía fe ciega en el Consejo de Castilla, robustecedor de las instituciones tradicionales y celador de su inmutabilidad.  Si hubiéramos de meterle en los sectores ideológicos (reaccionario, moderado, exaltado) que se dibujan en España como consecuencia de la Revolución Francesa y abren las guerras civiles del siglo XIX, Godoy participaría de los dos primeros, aunque su actuación sea incatalogable, dado su comportamiento "de monarca".  Se ha dicho que su pecado no era la perversidad, sino la vulgaridad, ostentación y la inexperiencia política de un "parvenu".  Godoy era un apuesto oficial de la guardia, de veinticinco años, cuando le fue otorgado el poder absoluto, superior al que había de poseer cualquier gobernante de España posterior a él hasta llegar al general Franco.
Este primer dictador de nuestro tiempo comete el error de confundir la patria con sus intereses y sacrifica la política exterior en pro de su ambición, de asegurarse el poder y de "prevalecer frente a sus enemigos internos".
En 1808 la impopularidad de Godoy llega al último rincón del país.  e imponía, ante la quiebra del Antiguo Régimen, una constitución que limitara a una monarquía autodeshonrada y a un poder político que arrastraba a España a la inflación, la carestía, la crisis comercial y a la pérdida de la independencia en sus relaciones exteriores tanto en Europa como en América.
Si desparecía Godoy, ¿apoyaría Napoleón al príncipe de Asturias? Craso error el que cometieron los Escoiquiz, Infantado, Cevallos, Caballero, Bardajé, Onís, Ayerbe, San Carlos y demás miembros del partido fernandino.  Error que no paró hasta dejar cautivo en Bayona al rey Fernando.
El cerco se iba estrechando y las tropas del "héroe y bestia" de Murat, como le llamaba su cuñado Napoleón, se iban acercando a Madrid, ante el espanto de Godoy, Carlos IV y también, ya, ante el recelo de los propios españoles.
Ante tan crítica coyuntura, Godoy quiere trasladar la corte a Andalucía, para, en caso de peligro, embarcar a América.  Esto es considerado como una traición por el pueblo y el partido fernandino, al ver en ello el sacrificio de la Corona para salvar la vida y la fortuna de don Manuel Godoy.
Así se pone en marcha la revolución de Aranjuez, maquinada por un grupo de nobles descontentos (las dictaduras crean siempre una oposición de excluidos) y por el partido fernandino, empleando a los militares y a la multitud.  Lo confirma el propio Godoy cuando dice que la revolución de Aranjuez se produjo abajo, pero se indujo arriba.  Al día siguiente el pueblo de Madrid saqueaba las casas de Godoy y sus partidarios. La acogida de estos sucesos dejó sorprendido al comisionado francés Tournon:

"La exaltación provocada en los españoles por la revolución que acaba de estallar en Madrid ha llegado al colmo y da cabal idea del odio que inspiraba el Príncipe de la Paz; asimismo, la alegría, el delirio de todos por el advenimiento al trono de Fernando VII prueban el afecto, el cariño inmenso del pueblo español por su idolatrado príncipe de Asturias.  No puedo dar una idea más clara de los arrebatos que estallan aquí por todas partes, sino comparándolos con los de los franceses a la llegada del emperador a Fréjus.  Las noticias que recibo de diversas partes de España me confirman por doquier el mismo entusiasmo, y, a juzgar por el frío castellano, presumo que el delirio llegará a la locura en las regiones meridionales."

Fernando VII, en 1814, habría de emplear la mezcla de fidelidad plebeya y apoyo militar que ya se dio en Aranjuez para derribar la constitución liberal.  Pero no comprendió que se podía emplear contra la monarquía la misma combinación de fuerzas.  De ahí las revoluciones que tendrían lugar en 1820 y 1831.
Carlos IV destituyó a Godoy el 17 de marzo de 1808, al que se encontró, asustado y escondio, en una alfombra enrollada.  El 19 de marzo otra multitud obligaba a Carlos IV a abdicar en su hijo, ahora ya por fin Fernando VII.
Napoleón se consideró dueño absoluto de la situación, y para él el trono de España quedaba vacante, ya que Francia no reconocía la abdicación de Carlos IV.